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Blog BBC

Y ahora que el verano se acaba… ¿cómo estás tú?

El verano ya está llegando a su fin.

Y antes de empezar a pensar en septiembre, en las rutinas, en los horarios, en todo lo que “toca” hacer otra vez… quizá merece la pena parar un momento.

Respirar.

Y preguntarte:

¿Cómo has vivido este verano?

¿Ha sido como lo imaginabas?

¿O quizás llegaste a él con unas expectativas demasiado altas?

Esperabas descansar más, desconectar, disfrutar, viajar, dormir, tener tiempo para ti…

Y luego llegó el calor.

Ese calor intenso que hemos vivido este verano, que también tiene su manera particular de influir en nuestro cuerpo, en nuestro sueño, en nuestro ánimo y hasta en nuestra paciencia. 🥵

Desconectar

¿Has conseguido realmente desconectar?

¿O has cambiado de escenario, pero tu cabeza se ha ido contigo?

Porque desconectar no siempre significa estar de vacaciones.

A veces estamos frente al mar y nuestra mente sigue corriendo.

Otras veces, en cambio, aparece ese momento inesperado que no estaba en ningún plan: una conversación, una puesta de sol, una comida compartida, una carcajada, un abrazo, un lugar que descubriste…

Un instante que sabes que algún día recordarás.

Y eso también es verano.

¿Qué te llevas de estos meses?

Quizás tienes recuerdos preciosos que ya forman parte de esa pequeña colección de momentos que guardamos dentro.

Momentos que volverás a visitar algún día simplemente cerrando los ojos.

Pero quizá el balance no sea tan idílico.

Puede que hayas terminado cansada.

Más cansada de lo que esperabas.

Puede que hayas dormido peor, que el calor te haya pasado factura, que hayas tenido más estrés del que imaginabas o que, sencillamente, no hayas conseguido disfrutar tanto como querías.

Y también está bien.

No todos los veranos tienen que ser perfectos.

Lo importante es escucharnos después de haberlos vivido.

Porque todo lo que experimentamos deja alguna huella.

En nuestro cuerpo.

En nuestra mente.

En nuestro descanso.

En nuestra piel.

Y sí, también en nuestro rostro.

A veces llegamos a septiembre y nos miramos al espejo y vemos una piel más apagada, más deshidratada, una expresión más cansada o unas facciones que parecen decir:

“Necesito un poquito de ti.”

Y quizá ese sea precisamente el momento de volver a escucharte.

Septiembre no tiene por qué ser una vuelta a la carrera.

El otoño trae otra energía.

Los días empiezan a cambiar.

La intensidad del verano baja.

Las rutinas vuelven poco a poco.

Y quizá podamos aprovechar ese cambio para hacer algo diferente:

hacer balance.

¿Qué te ha sentado bien este verano?

¿Qué quieres conservar?

¿Qué quieres dejar atrás?

¿Qué has descubierto sobre ti?

¿Y qué quieres hacer diferente a partir de ahora?

No hace falta tener todas las respuestas.

Pero sí puede ser bonito empezar a hacerse preguntas.

¿Qué quieres para los próximos meses?

Quizás quieres volver a moverte más.

Recuperar fuerza.

Cuidar tu alimentación.

Dormir mejor.

Bajar el ritmo.

Volver a dedicarte tiempo.

Cuidar tu piel.

Sentirte más cómoda en tu cuerpo.

O simplemente volver a encontrarte contigo misma después de unos meses de mucho movimiento.

No se trata de convertir septiembre en una lista interminable de obligaciones.

Se trata de preguntarte:

¿Cómo quiero sentirme?

Y después, poco a poco, construir pequeños hábitos que te acerquen a esa sensación.

Porque cuidarse no debería ser otro trabajo más.

Debería ser una forma de volver a ti.

Y tu piel también cambia contigo

Después de meses de sol, calor, sal, cloro, cambios de horarios y quizá menos rutina, la piel puede necesitar una atención diferente.

Pero no existe una única fórmula para todas.

Hay pieles que necesitan recuperar confort e hidratación.

Otras necesitan trabajar la barrera cutánea.

Otras necesitan luminosidad.

Y otras simplemente necesitan que dejemos de hacerles tantas cosas y empecemos a escucharlas mejor.

Porque tu piel también habla.

LA veces lo hace con sequedad.

Con sensibilidad.

Con falta de luminosidad.

Con una expresión cansada.

Y aprender a escucharla es también una forma de cuidarte.

Tu piel no es la misma en agosto que en noviembre.

Y tampoco eres tú la misma.

Tu piel cambia con el clima, con el estrés, con el descanso, con tus hábitos y con todo lo que estás viviendo.

Cuidarla también significa entenderla.

Antes de despedirnos del verano…

Hazte un pequeño regalo.

Siéntate unos minutos.

Sin móvil.

Sin prisas.

Y piensa en todo lo que has vivido.

Sonríe por aquello que quieres guardar para siempre. ❤️

Acepta aquello que no salió como esperabas.

Agradece lo que sí salió bien.

Y permítete reconocer también todo aquello que has hecho por ti, incluso esas pequeñas cosas que quizá nadie más ha visto.

Después, pregúntate qué quieres llevarte contigo hacia el otoño.

Quizás no necesitas empezar de cero.

Quizás no necesitas cambiarlo todo.

Quizás simplemente necesitas continuar desde donde estás, pero esta vez un poquito más consciente de ti.

Porque cada estación tiene su propia belleza.

El verano nos invita a salir.

El otoño nos invita a volver.

A volver a nuestras rutinas.

A nuestros proyectos.

A nuestro cuerpo.

A nuestra calma.

Y, sobre todo, a nosotras mismas. 🍂

Así que no te preguntes solamente qué vas a hacer este otoño.

Pregúntate algo mucho más importante:

¿Cómo quieres sentirte?

Más fuerte.

Más tranquila.

Más ligera.

Más presente.

Más tú.

Y deja que esa respuesta sea la que marque el camino.

Porque quizá el verdadero comienzo del otoño no sea volver a la rutina.

Quizás sea volver a ti. 🤍

Y ahora sí…

¿Cómo has vivido este verano?

¿Qué momento guardarías para siempre?

¿Qué te ha enseñado?

¿Qué dejarías atrás?

¿Y qué quieres regalarte en esta nueva estación?

A veces, parar unos minutos para hacernos estas preguntas es el primer paso para empezar a cuidarnos de verdad.

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